Electrolitos orales y suero casero: cuándo usarlos con niños en el calor

El agua sola repone líquidos, pero no los electrolitos que se pierden con el sudor intenso. En clima caluroso, los niños pueden deshidratarse con mayor rapidez porque su metabolismo es más activo y su reserva de fluidos es menor. Las sales de rehidratación oral, disponibles en sobres de farmacia, facilitan la absorción de agua y restauran el equilibrio de sodio, potasio y glucosa. Cuando no se tienen a la mano, un suero casero preparado con precisión puede servir de medida temporal.

La fórmula más difundida y respaldada por la Organización Mundial de la Salud combina un litro de agua potable o hervida y enfriada con seis cucharaditas rasas de azúcar y media cucharadita rasa de sal. Se disuelve bien y se ofrece en pequeños sorbos frecuentes. Nunca se debe aumentar la cantidad de sal, pues el exceso resulta peligroso, sobre todo en menores. El preparado se usa el mismo día y se descarta a las 24 horas.

Para niños menores de dos años se recomiendan entre 50 y 100 mililitros después de cada pérdida importante de líquido; de dos a diez años, entre 100 y 200 mililitros. Se administra con cuchara o jeringa, nunca de golpe. Si aparecen ojos hundidos, boca seca, llanto sin lágrimas, orina escasa o el niño se muestra muy irritable o somnoliento, el agua y el suero casero ya no bastan: es momento de acudir al médico.