
Septiembre, octubre, noviembre y diciembre conservan en su nombre una huella del antiguo calendario romano, cuando el año comenzaba en marzo y no en enero. Por eso, septiembre proviene del latín september, relacionado con septem, “siete”; octubre viene de october, asociado con octo, “ocho”; noviembre deriva de november, de novem, “nueve”; y diciembre procede de december, de decem, “diez”.
La terminación “bre” no nació como una palabra independiente, sino como parte de las formas latinas que pasaron al español con la evolución de la lengua. Aunque después el calendario fue reformado y enero y febrero quedaron al inicio del año, los nombres de estos meses se mantuvieron.
Así, los últimos cuatro meses del año conservan una curiosa contradicción histórica: sus nombres recuerdan el orden que tenían en el calendario romano original, no el lugar que ocupan actualmente.
Con información de: Online Etymology Dictionary
