Cuando un niño o adolescente ya no está bien: señales que mamá y papá no deben ignorar

A veces los cambios en niñas, niños y adolescentes parecen “cosas de la edad”, pero no siempre es así. La salud mental también se cuida desde casa, y mirar a tiempo puede hacer una gran diferencia. La OMS advierte que uno de cada siete adolescentes de entre 10 y 19 años vive con algún trastorno mental, y en Baja California Sur existe una red pública de atención con nueve unidades especializadas; en Los Cabos hay servicios en San José del Cabo y Cabo San Lucas.

Una primera señal de alerta es el cambio sostenido. No se trata de que un día esté serio o contestón, sino de semanas en las que deja de disfrutar lo que antes le gustaba, duerme demasiado o muy poco, se aísla, llora con frecuencia, se enoja por todo, baja su rendimiento escolar o empieza a decir que no quiere ir a clases. UNICEF también señala signos como regresiones, irritabilidad, problemas para concentrarse, pérdida de interés en el juego o necesidad excesiva de estar pegado a los adultos, dependiendo de la edad.

En adolescentes, además, hay que mirar con atención el uso del celular, el encierro constante, los cambios bruscos de amistades, las alteraciones de apetito, las excusas frecuentes para no salir o no convivir, y comentarios de desesperanza. No todo silencio significa depresión, pero tampoco conviene normalizar frases como “nadie me entiende”, “no sirvo para nada” o “quisiera desaparecer”. Cuando estas expresiones se repiten, ya no es exageración de los papás: es una señal para intervenir con calma y seriedad.

Lo más importante es cómo acercarse. No ayuda minimizarlos con frases como “échale ganas”, “eso no es para tanto” o “a tu edad yo estaba peor”. Tampoco funciona empezar con regaños o interrogatorios. Lo que más abre la puerta es decir algo simple y honesto: “Te he notado distinto, me importas y quiero ayudarte”. Escuchar sin burlas, sin sermones y sin prisa puede ser el primer paso para que hablen.

También hay momentos en los que ya no basta con observar en casa. Si el menor habla de hacerse daño, de no querer vivir, si hay agresividad fuera de control, consumo de sustancias, ausencias escolares o aislamiento profundo, se debe buscar ayuda profesional cuanto antes. En Baja California Sur, la Secretaría de Salud reporta atención gratuita en unidades de salud mental y adicciones; en Los Cabos se encuentra la UNEME de Salud Mental en San José del Cabo y atención comunitaria en Cabo San Lucas.

Pedir ayuda no significa que la familia falló. Significa que decidió actuar a tiempo. Y eso, en salud emocional, puede cambiar por completo la historia de una niña, un niño o un adolescente.

NLC


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